Este fin de semana se esperaba una gran tormenta. De hecho, fueron cancelados miles de vuelos. Y haciendo yo, un cálculo conservador, pienso que entre 500,000 y 800,000 personas pudieron haberse visto afectadas directa o indirectamente por cancelaciones y retrasos severos.
Eso significa que muchos desistieron de viajar. Pero un gran número necesitaba hacerlo de todas formas por reuniones importantes, conexiones internacionales, eventos familiares o simplemente llegar a casa.
Cuando el clima paraliza aeropuertos completos, el sistema entra en modo automático.
Lo que hacen las aerolíneas en estos casos
Cuando se cancela un vuelo por climatología, las líneas aéreas comienzan a reubicar pasajeros en los vuelos que sí pueden salir.
En primera instancia, esto lo hacen los robots de cada sistema. Algoritmos que redistribuyen automáticamente según disponibilidad.
El problema es que los asientos disponibles desaparecen en minutos. Las conexiones no siempre quedan protegidas correctamente. No se evalúa el impacto completo del itinerario.
Miles de personas intentan llamar al mismo tiempo. Y ahí comienza el caos. Filas interminables en aeropuertos. Call centers saturados. Horas de espera.
Lo que hicimos nosotros
Nos pasamos el fin de semana tratando de reubicar más de 40 pasajeros que teníamos en distintos vuelos afectados.
No fue tarea fácil. Hubo que buscar rutas alternas, ajustar conexiones, evaluar diferentes horarios. Confirmar espacios antes de que desaparecieran y coordinar alojamientos en algunos casos.
Pero logramos algo importante: evitar que nuestros pasajeros pasaran horas muertas en una fila en el aeropuerto. Evitar que dependieran de un call center genérico. Evitar que tomaran decisiones apresuradas por estrés.
Mientras muchos apenas descubrían que su vuelo estaba cancelado, nosotros ya estábamos trabajando en opciones.
Cuando todo va bien, cualquiera emite un boleto, comprar un ticket online es sencillo.
Lo complejo es gestionar una crisis aérea en tiempo real. Cuando hay buen clima, las diferencias puede que no se noten.
Pero cuando miles de vuelos se cancelan al mismo tiempo, se hace evidente quién tiene respaldo y quién está solo frente a un sistema automatizado.
El verdadero valor de un agente de viajes
Un agente no solo vende boletos: monitorea, anticipa, reubica, coordina y responde.
Y lo hace cuando más se necesita. En momentos de crisis, la diferencia no está en el precio del boleto. Está en tener a alguien que ya está trabajando por ti mientras otros aún están en la fila.

Dejar una respuesta