SINGAPUR — Pequeño en tamaño, gigante en impacto
Gracias a Dios los dominicanos nos hemos dado cuenta de que el mundo es grande. Cada día se nos hace más fácil viajar y, en los últimos años, varios países nos han abierto sus puertas sin necesidad de visa. Esto nos permite soñar más lejos… incluso hasta Asia.
Por eso quiero compartirles un poco de lo que viví en Singapur, un país que me sorprendió profundamente. (Tengo muy presente en mi bucket list hacer algún día el vuelo más largo del mundo Nueva York / Singapur ida y vuelta, 19 horas por trayecto).
Singapur es uno de los países más pequeños del mundo. Para que tengan una idea: el Gran Santo Domingo tiene aproximadamente 1,300 / 1,400 km², mientras que Singapur apenas alcanza los 700 km². Es tan diminuto que ha tenido que ganar tierra al mar mediante proyectos de ingeniería, rellenando zonas costeras para expandirse.
Un ejemplo icónico de la toma de tierra es el Marina Bay Sands: tres torres unidas en la cima por un gigantesco “barco” de acero y vidrio donde se encuentra el SkyPark, con su famosa piscina infinita, miradores y jardines. En esa piscina pasé una de las tardes más hermosas de mi vida; jamás lo olvidaré. Es un poco caro el hotel; estuvimos 5 noches en total, 4 en el Marriott y 1 en el Marina Bay, para vivir la experiencia, para que nadie me contara nada.
Y hablando de jardines… en Singapur están por todas partes. Incluso verticales en muchos edificios. No es raro mirar hacia arriba y ver árboles creciendo en plena fachada de una torre. Esta apuesta por la naturaleza urbana ayuda a mitigar el calor en una ciudad donde, como en República Dominicana, nunca hace frío.
Pero más allá de su tamaño, Singapur es enorme en importancia. Su desarrollo está ligado al paso de más de 130,000 barcos al año por el Estrecho de Malaca, convirtiéndolo en uno de los puertos más estratégicos del mundo y en un gran centro de comercio global entre Asia, Europa y otras regiones.
Si vas a Singapur, no puedes dejar de:
- Caminar por Orchard Road, de punta a punta.
- Disfrutar su gastronomía, desde restaurantes sofisticados hasta comida callejera con estrellas Michelin.
- Recorrer Chinatown, Little India y Kampong Glam para entender su multiculturalidad.
- Maravillarte con Gardens by the Bay y sus Supertrees iluminados.
- Visitar los invernaderos Flower Dome y Cloud Forest.
- Y si tienes más tiempo, escaparte a Sentosa y su acuario espectacular (primero haz todo lo otro y de último, si tienes más tiempo, esta otra isla alejada de la ciudad).
Los dominicanos podemos llegar vía Estados Unidos con escala en Japón o Corea, o por Europa vía Alemania u otras rutas. No necesitamos visa, así que podríamos irnos prácticamente mañana si las conexiones lo permiten.
Eso sí: Singapur también tiene reglas peculiares.
- Allí no se vende chicle libremente.
- Debes cruzar la calle solo por el paso peatonal.
- Hay tolerancia cero con las drogas.
- Con durián (cuando vayas pregunta lo que es), no te puedes montar ni en taxi, ni metro, ni autobuses. La fruta que peor huele del mundo.
Aun así, Singapur vale cada minuto, cada paso y cada vuelo.
Desde que puedas… ve.

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